Alimentación por etapas: La importancia de cambiar la dieta de tu perro sénior

 

Si tienes un abuelito humano en tu familia o has convivido con alguno, te habrás fijado que sus dietas o rutinas de alimentación son muy distintitas a las tuyas. Esto se debe a que,  si en el mejor de lo casos se encuentra muy bien de salud,  su organismo no tiene la misma capacidad de funcionabilidad que antes; por lo que requerirá consumir alimentos más digestibles que permitan facilitar la absorción de los nutrientes y el correcto recorrido por el tracto digestivo. Sin contar si hay alguna condición de salud específica que lo obligue a prescindir de ciertas comidas.

 

Pero esta realidad no es exclusiva para los humanos. Los abuelitos peludos de cuatro patas también presentan cambios importantes en sus organismos al llegar a esta etapa de sus vidas, necesitando numerosos cambios en su contexto y cuidados, como la alimentación.

 

¿Por qué?

 

Una adecuada alimentación es indispensable para la buena salud de los perros, sin importar en qué momento de su vida se encuentra, ya que una correcta ingesta evita que sucedan alteraciones en su cuerpo que puedan provocar a la larga que el can sea propenso a enfermedades o malestares.

 

Sin embargo, las necesidades nutricionales varían de perro en perro. ¿Y es que acaso un cachorro lleno de energía y en plena formación de sus bases requerirá lo mismo que uno ya mayor cuya actividad es reducida? ¡Por supuesto que no!

 

De allí que ha de ser indispensable que la alimentación que se le ofrezca cumpla con las características del perro, para que así no se corra el riesgo de no nutrirlos como debe ser.

 

Es por eso que en este texto te explicaremos por qué es importante cambiar la dieta de tu perro sénior y cómo debe estar compuesta, así como también te ofreceremos algunos consejos al momento de hacer el cambio para que le brindes a tu peludo lo mejor de los cuidados en esta etapa que tanto lo requiere.

 

Black Flat Coated Retriever

 

¿Cómo cambia mi perro en la vejez?

 

Antes de indicar cómo debe ser la nueva dieta de tu peludo, primero debes conocer el porqué de la necesidad de adaptar su alimentación. Es decir: cuales son las modificaciones más comunes que sufre tu mascota al entrar en esta etapa de la vida que lo condicionan a cambiar sus rutinas.

 

La edad en la que un perro comienza su vejez dependerá de varios factores, como la raza o tamaño, debido a que las expectativas de vida varían considerablemente entre los canes pequeños y grandes.

 

Como un perro pequeño puede vivir hasta 15 años (e inclusive más), se considera sénior a partir de los 10. Mientras que un perro grande, como sus expectativas usualmente no superan los 10 años, su vejez empieza a partir de los cinco o seis.

 

A partir de ese momento es cuando empiezan a marcarse más los signos propios del envejecimiento, entre los que sobresalen:

 

  • Disminución en el ritmo de su metabolismo.
  • Pérdida de la masa muscular y aumento de la grasa corporal, provocando que sus movimientos sean menos ágiles y empeore su resistencia corporal.
  • Enlentecimiento del tránsito intestinal, haciendo más lenta la capacidad de absorber nutrientes.
  • Pérdida de la elasticidad de la piel y apariencia escamosa de esta.
  • Formación de callosidades en codos, pecho o muslos debido al roce.
  • Aparición de canas, sobre todo en hocico y patas.
  • Desgaste progresivo de la visión, olfato, oído y gusto, por lo que tu perro no seguirá órdenes con la misma facilidad de antes.
  • Degeneración de las articulaciones, causándole dolor en algunas posturas o movimientos.
  • Desorientación y cambios en el comportamiento ocasionados por la degeneración del sistema nervioso central.

 

Además de estos cambios que suelen ser habituales, lo canes sénior son propensos a ciertos tipos de enfermedades  y complicaciones de salud.

 

Hay que estar pendientes de su higiene bucal, ya que a esta edad aumenta la posibilidad de acumulación de sarro, lo que da cabida a la formación de inflamaciones o infecciones en las encías que podría provocar la pérdida de piezas dentales. También, como los músculos del intestino no trabajan con la misma eficacia que antes, serán recurrentes lo problemas digestivos como diarreas o estreñimientos si no se cuida bien su alimentación.

 

De igual forma, ante el hecho de que las paredes de los vasos sanguíneos se van engrosando con la edad, los perros son susceptibles a insuficiencias cardíacas porque el corazón deberá trabajar más duro para poder circular la sangre por el cuerpo; y en ciertos perros los riñones pueden debilitarse al punto de generar una insuficiencia renal.

 

Entonces, ¿cómo debe ser su dieta?

 

Las dietas de los perros, independientemente del momento en el que se encuentren, debe contar con una serie de ingredientes necesarios para garantizar la completa cobertura de sus requerimientos nutricionales.

 

Al ser animales carnívoros, la base de su dieta debe estar compuesta por proteínas de origen animal, puesto que estas contienen aminoácidos esenciales como la arginina, histidinina, y fenilalanina, entre otros. Estas, además de que el perro no puede sintetizar por sí mismo y por eso debe recurrir a la ingesta de proteínas para obtenerlas, son necesarias para poder mantener su estructura corporal y favorecer el funcionamiento del  organismo. 

 

Sin embargo, no todas las proteínas ofrecen la misma cantidad  de valor biológico. No importa cuánto contenido proteico tenga un concentrado si este solo proviene de subproductos de matadero; por lo que hay que apuntar más hacia la calidad de esta que a la cantidad que ofrece el alimento. Entre las proteínas que más ofrecen valor biológico están el pescado, la carne vacuna y el pollo.

 

El alimento también debe contener hidratos de carbono y grasas, puesto que estas cumplen la función de ser una fuente importante de energía y proporcionan ácidos grasos omegas para la buena salud de su piel y pelaje. Pero hay que cuidar que los cereales no superen los productos de origen animal, porque podría provocar problemas en la piel o gastrointestinales.

 

La mayor diferencia de la alimentación de los perros ancianos es que esta, para suplir el deterioro muscular, deberá ser más rica en proteínas y con menos carga de calorías, para así evitar también el aumento de peso de la mascota, algo común a esta edad por lo lento de su metabolismo y su menor actividad física. También deberá tener un mayor aporte de vitaminas y minerales (como vitamina A, D y C, Omega 3 y calcio) que lo ayuden a contrarrestar los cambios propios de la vejez.

 

En el mercado se pueden conseguir alimentos formulados específicamente para perros mayores, que suelen encontrarse como “para perros sénior” o “mature”. Una opción es la Pedigree Adulto Senior, que ofrece –además de altos contenidos proteicos obtenidos de carne y pollo– cereales, vitaminas, minerales y antioxidantes para ayudar a reforzar el sistema inmune.

 

Aunque también podría ser necesario variar su presentación.

 

Hay que considerar que algunos peludos a esta edad, pierden el interés por el concentrado seco o les cuesta su masticación, por lo que es una buena alternativa optar por dietas húmedas, de lata o sobre, que no solo les facilitará su ingesta, sino que les encantará su intenso sabor.

 

Black and Brown Short Coat Dog Lying on the Ground

 

Recuerda: un cambio gradual evitará inconvenientes

 

La flora bacteriana del sistema digestivo de los perros, a diferencia de los humanos, no es tan variada. Es por eso que mientras nosotros podemos comer algo distinto cada día, nuestros peludos corren el riesgo de sufrir malestares estomacales si comen así.  Más si estamos hablando de uno viejito, cuya funcionabilidad del sistema digestivo no es tan buena como en otras épocas.

 

De allí que lo más sano para ellos es no alterar abruptamente su dieta.

 

Para lograr el cambio de su alimento, de la mejor forma para ellos, será importante tener disponible tanto su dieta actual, como por la que se desea cambiar; y planificar esta transición en un lapso de 7 a 12 días según cómo reacciona la mascota.

 

Entonces, en los primeros dos días, debes servir un 75% del alimento ya usado y un 25% del formulado especialmente para perros sénior. Si tu peludo lo recibe bien y no muestra ninguna reacción negativa, los siguientes dos días se le puede servir 50% de cada uno. En el quinto y sexto día se le debe servir solo 25% del viejo y 75% del nuevo; para que finalmente, al séptimo día, se le pueda servir únicamente de la nueva dieta.

 

Para que no se te complique tanto el proceso del cambio, más si tu perro es de esos a los que les cuesta las alteraciones en su comida, procura mezclar muy bien ambas dietas. Si se ponen por separado a tu peludo se le hará muy fácil solo comerse lo que ya conoce.

 

Si aun así tu perro parece aún dispuesto a complicar las cosas, ¡no te desesperes! Añádele un poco de mantequilla fundida o caldo de res o pollo tibio sin condimento. Esos aromas harán que su alimento se les haga más apetitoso y agradable.

 

Ten en cuenta que en este momento de sus vidas, debes tenerle mucha paciencia ya que su comportamiento o conducta se ven afectados por la edad, por lo que en la mayoría de los casos, más que actuar de “forma malcriada”, lo hace porque no tiene la capacidad de antes de atender las situaciones.

 

 

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