5 cuidados básicos que debes ofrecer a tu perro anciano

 

Así como los cuidados de los perros cachorros son distintos al de los adultos, las atenciones para los perros sénior no son iguales a las de sus congéneres más jóvenes a consecuencia de que, tanto su estado físico como mental, presenta cambios que los vuelven más vulnerables.

 

Para los que hemos tenido la oportunidad de ver crecer a nuestro perro a lo largo de su vida hasta llegar a la vejez, hemos podido percatarnos de que –a contrario de lo que pueden pensar muchos– en esta etapa resultan ser muy enternecedores, ya que, en ciertos aspectos, vuelven a ser cachorros porque necesitan de nuestro acompañamiento y vigilancia.

 

Y si eres de los que aman a su mascota con locura –que estamos seguros que sí– sabemos que no dudarán en ningún momento de ofrecerle todas las atenciones que necesita. ¡Por algo llegaron a este texto!

 

Pero, ¿cómo poder ayudarlo como se lo merece en esta etapa?

 

Si no sabes con exactitud qué cuidados en específico debes tener con tu peludo y por qué, aquí te explicaremos a qué edad tu perro podría estar entrando a la vejez, cuáles son los cambios y problemas más comunes que debe atravesar y en qué formas podrías cambiar su rutina para que tu viejito esté sano y a gusto.

 

 

 

¿A qué edad mi perro empieza a ser sénior?

 

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que no existe una edad general para todos los perros. Hay varios factores que influyen en qué tan rápido empieza el envejecimiento, desde el tamaño, la raza y hasta condiciones propias que tenga el can, como enfermedades o contextos en los que se encuentren. Por ejemplo, no envejece igual una mascota que viva constantemente en la intemperie, que una que se mantiene dentro de casa.

 

Sin embargo, el tamaño del perro es el indicador que más nos puede guiar al respecto para saber a qué edad podemos empezar a cambiar sus cuidados.

 

Los canes pequeños, que pesen hasta 10 kilos, usualmente entran a la tercera etapa de sus vidas después de los siete u ocho años y su expectativa de vida está entre los 13 y 16, llegando algunos, incluso, a los 18 o 20 años de vida.

 

El promedio de vida de los medianos, cuyo peso varía entre 11 a 25 kilos, ronda alrededor de los 13 años de vida y se consideraran geriátricos después de los siete.

 

Por su parte, los perros grandes, con pesos desde 26 a 40 kilos, tienen una expectativa de vida mucho más reducida, que en muchos casos no supera los 10 años. Por eso entran a la vejez desde los seis años. Mientras que los gigantes, que pesan más de 41 kilos, su promedio de vida es de nueve años, comenzando a ser geriátricos desde los cinco.

Pero, como bien decimos más arriba, la vejez es un proceso individual que dependerá de la predisposición genética y de los cuidados preventivos que se hayan tenido, como una correcta alimentación y cumplimiento de sus necesidades sanitarias. Es por eso que puedes ver perros de 11 años que se ven mucho más jóvenes que otros de seis. De allí que sea importante observar bien cualquier cambio que presente tu peludo.

 

¿Qué cambios conlleva el envejecimiento?

 

Tal como en los humanos, envejecer trae consigo una serie de cambios en los organismos de los perros, tanto celulares como orgánicos y metabólicos, que provocan que tu mascota pierda un poco de energía, la capacidad de seguir las rutinas o comportamientos ya establecidos, o que esté más susceptible a contraer enfermedades.

 

Aquí te dejamos una lista de los cambios y problemas de salud más comunes que suceden durante esta etapa:

 

  • Ojo con su dentadura: En la vejez, la salud bucal está muy comprometida puesto que, dependiendo de qué tanta higiene y cuidado se tuvo en su vida, a esta edad aumentan las posibilidades de acumulación de sarro, lo que puede provocar inflamaciones o infecciones en las encías y, por ende, la pérdida de piezas dentales.

 

  • Alteraciones en su digestión: En general, los perros ancianos se vuelven más lentos y apaciguados y su sistema digestivo también actúa de esta forma. Entonces, como los músculos del intestino no hacen un trabajo muy eficiente, son recurrentes problemas digestivos como diarreas o estreñimiento. Por ello, es muy importante vigilar cualquier cambio en su conducta alimenticia para poder identificar si corresponde a una alteración propia de la edad o a alguna enfermedad que esté afectándole.

 

  • Complicaciones urinarias: Así como los músculos de los intestinos, los riñones poco a poco van perdiendo la efectividad de sus funciones, y aunque en muchos casos los perros podrían no presentar ningún inconveniente, existe la posibilidad de sufrir una insuficiencia renal, que se manifiesta con una abrupta pérdida de peso (a causa de la pobre asimilación de los nutrientes) y la disminución de la filtración de la orina.

 

  • Un corazón más comprometido: Con la edad, las paredes de los vasos sanguíneos se van engrosando al punto de que el corazón deba trabajar más para poder circular la sangre por el cuerpo, lo que hace susceptible a los perros de padecer insuficiencias cardíacas.

 

  • Dolor en el cuerpo: Las articulaciones y huesos, además de ser más sensibles a dolores, son más propensos a fracturas y desgastes porque el organismo no asimila el calcio como antes. Razón por la que en esta etapa es común problemas como la osteoporosis o artritis que harán que a tu perro le duela hacer ciertas posiciones y actividades.

 

  • Reducción de las capacidades mentales: Ante la debilidad de los sentidos, al no poder oír, oler, ver y hasta degustar con claridad, los perros sénior tienden a desorientarse y presentar cambios importantes en el comportamiento. Por eso, ya no serán tan tolerantes como cuando jóvenes, perderán interés en actividades o alimentos que antes los motivaban, podrían defecar u orinar en sitios inapropiados y hasta podrían mostrarse apáticos y agresivos en ciertas situaciones o ante personas en concreto.

 

 

¿Qué cuidados básicos debo tener?

 

Luego de conocer cuáles son los problemas y cambios más habituales en ellos al comenzar sus años dorados, te daremos cinco consejos para que puedas garantizarle un óptimo cuidado cuando más lo necesitan:

 

  • Visita a su veterinario al menos dos veces al año: En cualquier etapa de sus vidas, las revisiones médicas deberían ser al menos cada seis meses para que así se puedan mantener controladas, y al día, sus desparasitaciones y vacunas; pero, en los perros sénior, esto ayudará además a detectar cualquier enfermedad a tiempo gracias a los exámenes físicos rutinarios que emplean los veterinarios, algo muy importante en una edad en la que son más propensos a padecimientos. De igual forma, anualmente debería hacerse un perfil sanguíneo de la mascota para chequear los niveles de glucosa o las enzimas hepáticas y renales, entre otras.

 

  • Ofrécele una alimentación acorde: Una buena alimentación es clave para una buena salud, pero esta debe estar adaptada según la edad o condición individual de la mascota. En vista de que las necesidades nutricionales y su capacidad digestiva es distinta, hay que procurar que su alimentación esté estrictamente formulada para complacer a tu perro en esta nueva etapa de su vida. En el mercado, encontrarás alimentos específicos como el Pedigree Adulto Senior, con altos contenidos de proteína, cereales y antioxidantes para reforzar su sistema inmune. También, si se le dificulta masticar el concentrado seco, existen opciones húmedas como las Pedigree Lata Nutrición Completa. Además, a menos que exista una contraindicación médica, hay suplementos que lo ayudarán a tener más energía y vitalidad como la vitamina D, Omega 3, vitamina A y C.

 

  • Mantenlo activo físicamente: No creas que por viejo tu perro ya no debe hacer ejercicio. Motivarlos a moverse de forma diaria, con paseos o juegos suaves, los ayudará a reducir la rigidez de los músculos y articulaciones, así como controlar su peso corporal. También, salir a pasear les permitirá socializar y a recibir sol, una fuente esencial de energía que facilita la fijación del calcio en los huesos.

 

  • Adecuar el hogar y la higiene: Como sus sentidos se encuentran debilitados, debes vigilar que en la casa no existan obstáculos que dificulten la convivencia de tu mascota. Es decir, en lo posible evita mover los muebles de su lugar, como su plato de comida y agua, para que no se desorienten. También las rutinas de higiene deben adaptarse al hecho de que su sistema inmunológico está reducido, como bañarlos únicamente en días soleados o no muy fríos y secarlos inmediatamente.

 

  • ¡Consiéntelo mucho!: Al sentirse susceptibles, muchos perros suelen apegarse más a sus dueños durante esta etapa, por lo que tienen una necesidad mayor de afecto. Así que déjalo dormir todos los ratos que desee, invítalo a jugar y a divertirse juntos, regálale juguetes que lo acompañen cada vez que esté solo, prémialo con deliciosos snacks (como los Pedigree Biscuit enriquecidos con calcio) cuando se lo merezca, y acarícialo y bríndale masajes siempre al llegar a casa o en su momento de retozo.

 

Te aseguramos que, además de hacerlo más feliz en sus últimos años, estos consejos los ayudará a fortalecer aún más el vínculo que los une.

 

 

 

 

 

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